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Viejos docentes y nuevas tecnologías

Hace unos días comentabamos con Sandra Biondi (capricorniana de ley, que cumple años el 22 de diciembre) lo difícil que resulta involucrar a los docentes en actividad, con varios años de servicio, en el uso de las nuevas tecnologías en educación (específicamente la PC).

Mi razonamiento (dejo de lado los casos puntuales) es que la mayoría de los docentes, o bien una buena parte, seguramente tienen un lavarropas automático, un reproductor de DVD, una cámara de fotos digital, un celular, un microondas, una TV con 181 canales, un reproductor de música, un secador de pelo, un reloj digital, un reproductor de MP3 y muchísimos artilugios más. Seguramente utilizan un cajero automático y viajan en ómnibus pagando con Tarjebus.

Lo que hay que hacerles notar a los docentes es que ellos viven utilizando nuevas tecnologías (que seguramente cuando eran niños no existían), aprendieron a usarlos, a convivir con ellos, a enseñar a otros a cómo usarlos. No es habitual que alguien participe de un curso de utilización de un MP3, o de cómo avanzar una película en un reproductor de DVD. Conozco muy pocas personas que han hecho un curso para usar un microondas y muy pocas más han hecho un curso de utilización de una cámara digital. Sin embargo las usan.

Esa misma intención que pusieron para aprender, para hacer suyas estas nuevas tecnologías, la tienen que utilizar para animarse a usar una PC. En muchos casos no quieren hacerlo por una cuestión de comodidad en otros tal vez por ignorancia (pido disculpas si alguien se ofende, pero no lo digo peyorativamente). Esta falta de conocimiento los lleva a negarse a su uso.

En esto deben trabajar todos aquellos que tienen la posibilidad de capacitar a docentes.

Les dejo parte de un artículo de Dolors Reig de su página “El caparazón”, visítenlo y podrán ver un muy buen video.

“Vivimos en una sociedad institucionalizada: escuelas, hospitales, iglesias, todo instituciones que se encargan de mantenerla y de convencernos de que son imprescindibles.

Muchos estudiantes, especialmente los pobres, saben de forma intuitiva lo que la escuela hace con ellos: escolarizarlos, confundiendo el proceso con la sustancia. La trampa consiste en hacernos creer que cuanto más tratamiento, mejores resultados.

El niño es escolarizado para que confunda enseñanza con aprendizaje, para que limite el ámbito en el que puede aprender (recordemos la educación expandida), para que confunda diplomas, grados, con avances en su educación (y el aprendizaje informal), para que confunda diploma con competencia (evaluación por competencias)…

Aceptar el servicio en lugar del valor, el medio en lugar del contenido, el tratamiento médico en lugar del cuidado de la salud. La carrera de la rata se confunde con el trabajo productivo, el trabajo social se confunde con la mejora de la dignidad…

Salud, aprendizaje, dignidad, independencia y empeño creativo son definidos como poco más que la performance de las instituciones que persiguen esos objetivos. Su mejora depende de la creación de más instituciones, más recursos para los agentes del mantenimiento de ese equívoco sistema en cuestión…

¿Hasta cuándo la gente va a necesitar educación, hasta cuándo vamos a tener que aprender las cosas enseñados por otros (añadiría que situados de forma artificial en un grado superior. Veíamos el otro día como el aprendizaje puede ser, de hecho, social, haciendo muy importante la presencia de “otros” durante la infancia)?

Más de 15 alumnos no es una clase…
No más de 40. De otro modo no son privilegiados…
No menos de 800 horas, es lo mínimo necesario…
No más de 1100 horas, más serían prisión… ¿No estamos haciendo ingeniería de personas?

La sociedad produce cosas artificiales, personas artificiales, y no lo hace a través del contenido curricular sino a través del ritual que les hace pensar que el aprendizaje ocurre como resultado de ser enseñados. Y no es algo que solo afecte a algunos. Es un proceso que opera en todos nosotros.”

Que tengan muy buena semana.

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